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Análisis

Se acabaron las vacaciones… ¿y ahora qué?

02.09.2015

Autor: Javier Moronatti

Temática: Finanzas, Gestión

Tras el verano, el empresario puede motivar a los trabajadores comenzando por tareas sencillas, reconociendo la labor hecha con anterioridad o fortaleciendo la implicación en el proyecto.

Exista o no el llamado síndrome postvacacional, o simplemente sea una paparruchada con pretensiones científicas que esconda el “qué pena que se acaben las vacaciones, qué pereza regresar al trabajo”, el caso es que la vuelta a la realidad es inevitable y hay que asumirla. Como en muchos otros ámbitos (laboral, fiscal, etc.), el pequeño o mediano empresario, o el gerente que para éste trabaje, tiene que soportar una doble carga. Por un lado, tiene que esforzarse por encontrar el ánimo y la energía para sí mismo que le hagan volver adecuadamente a la actividad. Por otro, debe tener la suficiente mano izquierda para motivar a los contratados, siendo exigente, por supuesto, aunque sin caer en un agobio que pueda afectar a la productividad, al ambiente de trabajo o al estado anímico del empleado.

Como suele pasar, es fácil decirlo, o escribirlo en este caso, pero no tanto hacerlo. ¿Cómo llevar a la práctica esta estrategia cargada de positivismo? Aquí van una serie de consejos de carácter general:

– Empezar a un ritmo más suave de lo habitual y por las tareas más sencillas. Siempre que el negocio lo permita, claro. Los trabajadores suelen agradecer que se les dé un pequeño margen de acoplamiento, un tiempo para ir mentalizándose de que hay que volver al día a día. La actividad llama a más actividad. De manera progresiva, poco a poco, habrá que ir subiendo la intensidad. No resulta aconsejable citar a los empleados a primera hora del primer día de trabajo tras las vacaciones, mantener una reunión ‘interminable’ y empezar a exigir resultados nada más regresar. Si se puede evitar un cambio tan brusco, la empresa saldrá beneficiada a largo plazo.

– Una palmadita en la espalda. Algunos expertos sostienen que, justo tras el periodo de asueto, es el momento idóneo para repasar las cuestiones positivas conseguidas durante la primera parte del ejercicio.

– Implicación en el proyecto. La vuelta de las vacaciones es también un momento muy apropiado para reforzar los lazos del equipo, para arropar al resto y que todos, de alguna manera, se sientan cobijados en el grupo cuando aún tienen la mente en la playa.

– El trabajo es el trabajo. Facilitar la reincorporación es recomendable, pero, obviamente, sin olvidar que a la oficina (o al lugar que corresponda) se va a realizar una tarea profesional, es decir, que está remunerada. En este sentido, tampoco está de más recordar a los trabajadores que hay unos objetivos anuales que hay que cumplir y que, para ello, se requiere un ‘último empujón’. “¿Qué crees que puedes aportar antes de concluir el ejercicio, en qué podríamos mejorar?”, “seguro que puedes mantener el ritmo que llevas hasta ahora”, “sigue así”. Son frases que buscan una actitud constructiva y que el asalariado se implique en el proyecto.

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